El Abuelo Inmortal

sm21

Por Teresa “Tesi” Stellatelli*

Ninguno de nosotros desconoce las grandes victorias que nuestro libertador San Martín libró con extremo coraje, pero ¿alguna vez nos asomamos verdaderamente a su lado humano en el calor del hogar? Terminada su misión de hacer nuestra la Cordillera, eligió descansar cerca de su hija y de sus nietas, mostrando su parte más afectiva y su mayor debilidad: la familia.

Frente a la plazoleta Grand Bourg, en la ciudad de Buenos Aires, se alza el monumento “El Abuelo Inmortal”, el único que muestra a José de San Martín vestido sin uniforme y retratado hacia el final de su vida, sin su brioso caballo, estampa fiel de las grandes campañas. El artista, ingeniero y escultor, Ángel Ibarra García (1892-1972), quiso representar su lado más humano, haciéndolo parecer de carne y hueso. Tomó la imagen de un viejo daguerrotipo para realizar la cara del anciano, aún conservado en el Museo Histórico Nacional. Las manos del General se inspiraron en las de un amigo del escultor, el músico Pedro Ubertone. En cambio, las figuras de las nietas nacen de las imágenes de Susana de Tezanos Pintos y Lucía Arocena, dos niñas que vivían cerca de su casa.

La obra fue inaugurada en 1951 y está construida en bronce. Su base de granito envuelve en su interior tierra de Chile y Perú, en señal de unidad de los países liberados. Sobre ésta se ven tres bajorrelieves, que tienen como figuras centrales a San Martín y sus dos nietas. En uno de ellos se lo ve arreglando sus queridas flores, unas dalias; en otro, limpiando sus armas y en el último, contemplando con una mirada melancólica al Sena, como añorando esos años de batallas que ya no volverían. En la cumbre de la escultura, el General está sentado en compañía de sus dos nietas, María Mercedes y Josefina Dominga, en un diálogo de ternura.

Ellas, con sus gracias y cariño, hicieron más llevaderos sus últimos días. El nacimiento de las hijas de Merceditas y Mariano Balcarce completó las aspiraciones del guerrero de la independencia. “Paso en mi pequeña casa de campo ocho o nueve meses al año. Toda mi distracción está reducida a mi pequeña familia, la que con esmeros por mí y por su buena conducta, hace mi vejez muy feliz”, escribió en una carta a Pedro Molina.

A sus espaldas, en un semicírculo de jacarandás y palos borrachos, está ubicada la estatua de “Nuestra Señora del Carmen de Cuyo”, patrona y guardiana del Ejército de los Andes. Bordeando la plaza se eleva una réplica de la casa de Grand Bourg (Francia), que el General habitó entre 1834 y 1848, construida por el arquitecto Julio Salas e inaugurada en 1946. El diseño es tres veces más grande que la que ocupó San Martín en Francia y funciona como sede del Instituto Nacional Sanmartiniano. Ordenó su construcción Manuela Stegmann, la viuda de José Pacífico Otero (fundador de la institución). Muy cerca aparece una serie de figuras que recuerdan a aquellos que estuvieron de la mano con el Libertador, como Martín Miguel de Güemes, Juan Martín de Pueyrredón, Bernardo O’Higgins y Gregorio de Las Heras, entre otros. El nombre de una de las calles circundantes conmemora al banquero español Alejandro Aguado, muy amigo y protector de San Martín.

¡Los invito a recorrer sin apuros ese rincón histórico de nuestra Buenos Aires!

* Estudiante de Historia y Gestión de las Artes.


No hay comentarios todavía.

Dejá un comentario

(requerido)

(requerido)


Security Code: