Súcubo

Tenía miedo. El sentimiento más humano de los hombres, y de los animales”. Así nos interioriza el que cuenta esta historia. Ya nos ha advertido que nos protejamos de las asechanzas del mal, y si a pesar de ello nos aventuramos en sus páginas, no lo lamentaremos.

Nicolás Correa, un joven escritor emergido del conurbano bonaerense, nos introduce en el mundo de espanto y oscuridad de un exorcista marginado de cualquier institución que lucha por erradicar al maligno de las almas de los hombres más desesperados y abandonados de la sociedad: reclusos del sistema carcelario. Esta es una historia criolla, de habla popular, de rincones oscuros de la provincia de Buenos Aires y de su historia reciente. El relato principal está atravesado por reflexiones de distintos campos y tenores. En parte recuerda a los escritores del romanticismo.

Algo hay en esa oscura realidad, que hace pensar en Poe. Las descripciones de lugares cotidianos son majestuosas, porque se perciben de forma aterradora desde el oscuro velo que acompaña a nuestro protagonista. Los relatos de la infancia en el oeste del Gran Buenos Aires, tienen algo entre melancólico y trágico. Son los recuerdos endulzados por el tiempo, pero que al mismo tiempo son el oscuro presagio de los tiempos que vendrán. La sensibilidad especial de nuestro antihéroe sumamente humano, se despierta en su tierna infancia; infancia alejada del romanticismo absurdo, pero en la que conviven la lucha entre la imaginación del niño y la realidad cruel de un pueblo que lucha y que trata de salir adelante.

Algunos de sus relatos de demonios podrán parecer demasiado soeces y lascivos (como el que ocurre en Perm), pero no hay otra forma de describir la más baja de las lujurias y que sólo puede tener su origen en el Mal. Y es que el Mal y sus andanzas, no se puede relatar con frases bonitas y palabras agradables. El lenguaje llano, muchas veces vulgar, es el correcto para retratar esos oscuros pasajes. Y además, son palabras de nuestro hablar popular. Esconderlo, sería esconder una parte de nuestra cultura.

Pero no es la historia de un exorcista vacío que protagoniza una historia de terror anodina como las de R. L. Stein. Es una lucha del bien contra el mal, pero por sobre todo es la lucha entre el bien y el mal que conviven en lo más profundo del espíritu humano. Aquí no hay un virtuoso héroe renacentista. Hay un hombre atribulado por sus propios demonios que se llena de dudas y tentaciones, pero que lucha por salir adelante y por enfrentarse a lo más oscuro de la imaginación sobrenatural de los demonios. Es un hombre entre dos mundos, que ve lo que nadie más ve y que convive con eso. Es un hombre que trabaja habitando lo inexplicable. Su vida se debate entre la luz y la oscuridad. Pero es un ser humano y por lo mismo está lleno de sombras. Él lo sabe y es consciente de sus limitaciones más profundas: “Ni siquiera puedo compararme con los santos exorcistas”.

El mérito de nuestro joven escritor está en retratar la condición humana. Aquella que a pesar de las sombras del individuo, lucha por dejar entrar la claridad. Una lucha tan antigua como la existencia misma del hombre. Una lucha que nunca tendrá fin.

En este punto quiero parafrasear a Proust: tal vez no haya días más plenamente vividos que aquellos que creímos dejar pasar sin vivirlos, aquellos que pasamos con uno de nuestros libros. Súcubo, de Nicolás Correa, sin duda es uno de esos libros que ayudarán a vivir más plenamente los días que dure su lectura.

Juan Francisco Baroffio

CORREA, Nicolás; Súcubo. Wu Wei Ediciones, Bs. As., 2013


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