A palabras necias, oídos sordos

Por Liliana Massocco*

Una palabra “necia” es la dicha con ignorancia, como crítica mal intencionada o inoportuna.

Por otra parte, “hacer oídos sordos” significa no escuchar, hacer como si no se oyese.

La frase aconseja no dar valor a comentarios negativos de gente sin criterio, sin información, malintencionada o con ánimo dañino. Mirar quién hace los comentarios negativos y con qué animo, antes de sentirse afectado por ellos.

Y como deformación o parafraseo del refrán surgen:

“A vocablos malsonantes pronunciados por laringes atrofiadas, trompas de Eustaquio en estado letárgico.”

“A boca de borracho, oídos de cantinero.”

“A chillidos de marrano, oídos de carnicero.”

“A palabras eléctricas, oídos desenchufados.”

“A palabras embarazosas, oídos anticonceptivos.”

“A palabras infecciosas, oídos penicilínicos.”

“A palabras peripatéticas, oídos meditabundos.”

Cuenta la historia que una vez se acercó a Aristóteles un hombre que hablaba demasiado. Tanto y tanto hablaba que al final terminó por pedirle disculpas al filósofo. Aristóteles respondió: “no tenés de que pedirme perdón, porque estaba pensando en otras cosas y no te he escuchado una sola palabra.”

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* Profesora en Letras (UCA). Directora del Boletín Digital. Directora de Publicaciones del Instituto de Cultura del CUDES.


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