Tirar manteca al techo

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Por Liliana Massocco*

El Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, registra la expresión “tirar manteca al techo”, con dos acepciones:

1. “Despilfarrar o malgastar, generalmente con ostentación de lo que se posee”.

2. “Celebrar algo en exceso y generalmente sin que esté justificado todavía”.

Pero, ¿cuál es el origen de esta expresión?

Como sucede muchas veces con las leyendas urbanas, los detalles varían según la bibliografía consultada.

Roberto Alifano -reconocido escritor y periodista que fue colaborador de Borges- relata, en su libro Tirando manteca al techo (vida y andanzas de Macoco de Álzaga Unzué), la historia de uno de los mayores dandies que tuvo nuestro país (Martín Máximo Pablo de Álzaga Unzué) y a la vez pinta el fresco de una época, a comienzos del siglo XX, alrededor de 1920, de bonanza económica, reflejo de una Argentina próspera y prometedora, cuando florecieron, entre otras cosas, las patotas de los “niños bien”, de la alta sociedad porteña, los “pitucos”, llamadoscajetillas” (1) o petiteros” (2).

Macoco (1901-1981), descendiente de Martín de Álzaga -comerciante español que luchó al servicio de la reconquista de Buenos Aires en las invasiones inglesas-, fue un reconocido playboy y automovilista argentino (participó en numerosas competencias automovilísticas nacionales e internacionales), educado en los mejores colegios de la época, tanto de la Argentina como de Europa. La fortuna de su familia le permitió llevar una vida de gastos excesivos y descontrolados que lo haría famoso mundialmente, tanto que, según dicen, motivó la frase de Sacha Guitry, “Il est riche comme un argentin” (es rico como un argentino); o aquella otra: “la ambición de toda mujer francesa es tener un perrito pequinés y un amante argentino”.


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Estuvo con tantas mujeres que se cree que el tango “Shusheta” (3) fue bautizado en su honor. Estuvo dos veces casado y su segunda mujer, una modelo famosa que luego se casó con Clark Gable, le dio aún más fama. Algunos afirman que fue el inspirador de El Gran Gatsby, la novela de Francis Scott Fitzgerald.

La noche porteña empezó siendo su centro juvenil de operaciones; luego lo fueron París, Londres, Nueva York y Beverly Hills. Después de regentear un cabaret de lujo en Nueva York -que tuvo que cerrar por problemas con la mafia local- abrió, en 1931, “El Morocco”, el más célebre y exclusivo del mundo(4), con paredes tapizadas con piel de cebras… cazadas por el mismo Macoco en África.


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Jay Gatsby, personificado por Leonardo Di Caprio en la última adaptación al cine de la novela de Fitzgerald y Macoco de Álzaga Unzué

La expresión “tirar manteca al techo” fue inspirada por Macoco. Según sus propias palabras, se acuñó cuando estaba en el restaurante “Maxim`s”, de París, comiendo con amigos. En el techo del salón donde se encontraban, había unas pinturas con dibujos de valquirias, de pechos prominentes que sobresalían de los escotes. Macoco no pudo resistir la tentación y, tras poner manteca en un tenedor, empezó a tirarla para ver si la embocaba entre los pechos de la pintura. El resto de los comensales lo imitó, en una especie de competencia, para ver quién tenía mejor puntería.

Así se extendió la costumbre entre aquellos “cajetillas” de la sociedad porteña.  En los cafés, restaurantes o en los cabarets de moda, al llegar la madrugada, después de haber consumido bastante champán, tomaban por diversión arrojar trocitos de manteca al techo (5),  usando algún cubierto a modo de catapulta.

La idea era competir para ver quién era capaz de dejar la mayor cantidad de pedazos de manteca pegados en el cielorraso o cuál de ellos se mantenía adherido por más tiempo. También gozaban cuando algún fragmento se despegaba y caía sobre un desprevenido cliente. La diversión era también ver cómo caían las bailarinas al pisar la manteca que chorreaba al suelo. Los mozos soportaban los desatinos, en función de las generosas propinas que solían dejar esos alcoholizados clientes.

De esta manera explicamos cómo la expresión “tirar manteca al techo” indica malgastar, despilfarrar, derrochar a troche y moche; la juerga y fiesta continua, la frivolidad irracional; no reparar en gastos.

La expresión también tiene un uso negativo; si algono está para tirar manteca al techo”, es que no se pueden realizar gastos excesivos.

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Notas:

(1) En España, “cajetilla” es el paquete de cigarrillos; aquí toma el sentido que suele darse    apaquete”, para indicar algo muy arreglado, prolijo o de buen gusto.

(2) Los “petiteros” eran los que frecuentaban el famoso y exclusivo caféPetit París”, de la esquina de Santa Fe y Callao.

(3) De Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo. (Shusheta: señorito)

(4) “El Morocco” ha quedado en la cultura popular como sinónimo de la diversión del jet set, debido a las grandes estrellas (de la talla de Bogart, Capote, Sinatra o Marylin Monroe), que frecuentaban el lugar.

(5) Hay quien dice que untaban con manteca el pan que había sobrado de la comida.

* Profesora en Letras (UCA). Directora del Boletín Digital. Directora de Publicaciones del Instituto de Cultura del CUDES.


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