En busca de la propia identidad: eslabones de una misma cadena hacia la integración latinoamericana

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Por Dulce María Santiago*

La pregunta por la identidad de un pueblo suele aparecer en momentos de crisis, de cambios, relacionada generalmente con lo social, lo político y lo económico. Así esta interrogación por nuestro “ser” aparece cuando en uno de estos ámbitos, o en todos, registramos una situación que resulta difícil de comprender; entonces, para explicarla, acudimos a su fundamento. Buscamos encontrar una respuesta a ese fenómeno en su raíz más profunda, en la intimidad de su propio ser. Podríamos, de este modo, hablar de una crisis de la cultura, como englobante de todas las dimensiones afectadas.

Quizá por ello, en los últimos tiempos, emerge la reflexión sobre la propia identidad. Si tenemos presente que todavía somos un “pueblo joven”, la construcción de esa identidad, que como todo proceso histórico es de suyo cambiante, aún no ha logrado su consolidación. Por ello resultará beneficioso poder ahondar en esa búsqueda a fin de conocernos a nosotros mismos y, de esta manera, poder dar una respuesta, hacernos responsables por lo nuestro. De otro modo, será difícil comprometernos con aquello a lo  no estamos unidos por un sentimiento de pertenencia.

En nuestro pasado histórico encontramos que el cuestionamiento se remonta a nuestros orígenes. Ya en Juan Bautista Alberdi (1810-1884), autor de la generación del 37 -formada en el romanticismo historicista- aparece el primer intento de configuración del “ser nacional”. Según el autor de Las Bases era “ya tiempo de comenzar la conquista de una conciencia nacional, por la aplicación de nuestra razón naciente a todas las fases de nuestra vida nacional. Que cuando, por este medio, hayamos arribado a la conciencia de lo que es nuestro, y deba quedar, y de lo que es exótico, y deba proscribirse, entonces sí que habremos dado un inmenso paso de emancipación y desarrollo; porque no hay verdadera emancipación  mientras se está bajo el dominio del ejemplo extraño… Es preciso pues conquistar una filosofía, para llegar a una nacionalidad…” (1)

Esta reflexión, según Alberdi, debe tener un carácter práctico, “ha de salir de nuestras necesidades” (2),  ocuparse fundamentalmente de la organización social y política del país, tan importante para una época de construcción nacional. Por eso, para este autor,  la filosofía debe hacerse “estadista, positiva, financiera, histórica, industrial, literaria…” (3) y proceder de una manera “positiva” y “realista”. (4)

El destino americano es la “civilización”, conforme con el modelo europeo,  anti-hispánico y pro-francés, que responde a la  ley del “progreso”, para lo cual será menester “implantar definitivamente la democracia” (5), conforme con los principios de la Revolución Francesa.

Este modelo de ser nacional fue luego criticado por un autor del siglo XX,  Alejandro Korn (1860-1936), quien fue uno de los principales detractores del movimiento positivista que inspiró a la generación del 80, y entró en crisis en los comienzos del siglo siguiente. Este autor, de origen positivista, analiza  en su obra Nuevas Bases, parafraseando la obra alberdiana, el modelo anterior. A juicio de Korn, “Alberdi se había anticipado” (6) al positivismo europeo; había constituido un positivismo autóctono, por esto “Las Bases para la república posible –positivistas, utilitaristas y oportunistas- no habrán de alterarse” (7). La pregunta que se formula es: “¿pueden aún mantenerse la bases ideológicas de las Bases, y no digamos frente al cataclismo de la cultura occidental, sino ante el propio proceso histórico que inspiraron?” (8) Para Korn se requiere un  “vuelco despiadado de la ideología dominante” (9) porque, para él  “importa ante todo emancipar al hombre de su servidumbre y devolverle su jerarquía como creador de la cultura” (10). Su propuesta es: “Justicia social-cultura nacional… Para alojarlas como ideas directoras en la conciencia nacional es menester renovar los conceptos básicos, es decir, las Bases de Alberdi”. (11) Para Korn, el progreso material, que según él inspiró a Alberdi, no es más que un  medio para la realización de una cultura nacional, que debe tender a lo espiritual: la realización del ideal ético de la justicia social.

Sin duda estos dos paradigmas constituyen un aporte significativo en la formación del ser nacional, pero hoy se requiere un nuevo horizonte de comprensión. Por un lado, hablar de lo particular, de lo propio remite a un contexto. Nuestro contexto es Latinoamérica, que es una unidad de origen. Nuestra historia es una historia compartida, como también lo es su destino. En este sentido la propia identidad debe ser considerada en términos de “integración” en su propio contexto, es decir, “integración latinoamericana”. Por otro lado, esta integración también implica la de otra integración: la de la “otra” cultura, que en los modelos anteriores había quedado silenciada. Entre ambas culturas se ha dado un encuentro, biológico y espiritual, constituyen un “mestizaje”, a la vez carnal y cultural, que se extiende por toda Latinoamérica: constituyen una categoría clave para la interpretación de la propia identidad.

Si Latinoamérica es una unidad, fundamentalmente cultural, debe aspirar a una integración también cultural. Por eso, no podemos pensar la propia identidad sin estas dos categorías: mestizaje e integración. Si antes no se ha hecho, es el momento de hacerlo a la hora de pensar en nuestra identidad.

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Ilustra este artículo: “Continuará… (el rompecabezas latinoamericano)” de Regina Silveira.

Notas:

(1) Alberdi, J.B. Fragmento Preliminar al estudio del Derecho. Buenos Aires,  Ciudad Argentina, 1998. p. 21.

(2) Alberdi, J. B. “Ideas para presidir a la confección del curso de filosofía contemporánea”, en: Escritos póstumos. Buenos Aires, Francisco Cruz Editor, 1900. Tomo XV,  p. 614.

(3) Ob. cit. p. 610.

(4) Ob. cit. p. 615.

(5) Alberdi, J. B. Fragmento…, p. 60.

(6) Korn, Alejandro. “Nuevas Bases”, en: O.C. Buenos Aires, Claridad, 1949, p.198.

(7) Ibídem.

(8) Ob. cit. p. 199.

(9) Ob. cit. p. 203.

(10) Ibídem.

*Doctora en Filosofía, docente universitaria, escritora e investigadora. Profesora en el Instituto de Cultura del CUDES.


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