Dicho: “Tirar la casa por la ventana”

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Esta expresión se utiliza ante una situación de gasto muy superior al habitual -algunos pueden considerarlo como gasto irracional, derroche o despilfarro-, en general, con motivo de un festejo o una celebración particular.

Veamos cuál es el curioso origen de la frase: en 1763, Carlos III de Borbón, rey de España, instauró la Lotería -llamada “Primitiva”-, con fines recaudatorios y fiscales. La aparición de la lotería “moderna”, tal cual se la conoce hoy, vio la luz en el Cádiz de 1811, bajo el nombre de Real Lotería Nacional de España. Tal era la sorpresa y excitación de los primeros modestos ganadores al recibir la inesperada fortuna, que arrojaban -literalmente- por la ventana sus pobres pertenencias: muebles, ollas y el resto de su penoso patrimonio doméstico, como signo de celebración y alegría por dejar atrás una etapa de pobreza y comenzar una nueva vida.

A partir de entonces se popularizó la costumbre  y se fue extendiendo. Así, llegó al reino de Nápoles, donde aún se mantiene en algunos pueblos la costumbre de arrojar toda clase de muebles y objetos viejos por las ventanas. Sin embargo en Nápoles la práctica la realizan no por haber ganado la lotería, sino en la noche de fin de año, para expresar deseos de deshacerse de lo viejo y dar paso a lo nuevo, lograr buena fortuna, prosperidad y bienestar para el año entrante.

Los españoles trajeron esta frase a  América, como una cierta recriminación a quienes, de repente, dan muestras de un gasto sin precedentes.

Un ejemplo gráfico de lo que hemos comentado está en la ciudad de San Francisco, en la instalación de muebles de Brian Goggin -con la ayuda de unos ¡100! colaboradores-. El nombre de esta obra, de 1997, es “Defenestration”, que literalmente significa “tirar por la ventana”; es considerada un “mural intradisciplinario” y continúa evolucionando, como un organismo vivo. La instalación está ubicada en un edificio abandonado, en un vecindario que “históricamente ha enfrentado desafíos económicos”, como describe Goggin. Estos muebles y otros objetos, que parecen querer escapar por las ventanas, representan un poco el estigma que tiene que afrontar el lugar, al ser considerado una especie de “barrio bajo”, donde el hecho de arrojar las cosas por la ventana se termina transformando en una liberación, y nos invita a reflexionar sobre las cosas que nos rodean.

L.M.

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