Sobrevivir Argentina. Retrato de un país a la deriva

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POSSE, Abel; “Sobrevivir Argentina. Retrato de un país a la deriva“. Buenos Aires, Emece, 2014.-

No es la primera vez que Abel Posse se ocupa de la Argentina que duele. Como todos sabemos, Posse no es solamente un espléndido novelista sino, que además de sus catorce novelas ha escrito  una saga de cinco ensayos donde reflexiona sobre el país y su gente (El eclipse argentinoLa santa locura de los argentinos).

En esta nueva entrega, el autor adopta un lenguaje si se quiere más estricto. No es que en los anteriores no lo haya sido, porque una de sus características es el estilo claro y directo, un rasgo infrecuente en una profesión como la suya, la diplomacia, surcada de necesarios  eufemismos.

El habla de Posse se vuelve en esta ocasión, si se quiere, más severa que en otras, quién sabe si motivado por la persistencia del mal y la indiferencia con que se lo padece. De ahí su angustiosa agitación de los espíritus.  Porque en ocasiones, su expresión parece profética y hasta  adquiere una entraña desgarradora, como la de un Júpiter Tonante.

Yahveh enviaba a sus profetas para decirle al pueblo cosas que no le gustaba escuchar, en primer lugar su infidelidad a sí mismo. Posse nos coloca contra las cuerdas de nuestra propia infidelidad, nos dice en la cara lo que somos, por eso algunos se enojarán con estas letras. Peor para ellos, peor para todos. Ya lo sentencian los teólogos: lo que no se asume no se redime.

Posse desgrana su mensaje claro y directo de siempre, sólo que ahora es más incisivo. El autor apunta a sacudir las conciencias, a poner en pie de guerra a los argentinos en el sagrado rescate de sí mismos. Es un alegato desesperado de un patriota que tiene un sentido movilizador.

Es tiempo de violencia, patanería, incultura, mediocridad, nos dice. Más que vivir nuestra patria, la sobrevivimos. Para rematar: ahora no nos quedan alternativas; o logramos desplazar la ineptitud y la corrupción movilizándonos democráticamente para reinstitucionalizar este país desarticulado o estamos a las puertas de la anarquía, cuyo color, como sabemos, es el de la sangre.

No es ocioso que al culminar la obra aparezca la figura esperanzadora del papa Francisco, porque el llamado de Posse es -él lo dice-  la anagogía: la superación hacia arriba, hacia lo espiritual y filosófico.

Sí que había sido duro parir la Argentina, pero el gozo de la nueva vida vuelve invisible el sufrimiento. Si la patria se nos aparece con la imagen borgeana del laberinto, ya lo decía Marechal, la patria también es un dolor que no tiene bautismo. Pero de todo laberinto se sale por arriba. RB


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