Instrucciones de Rosas respecto de las Malvinas

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Por Juan Luis Gallardo*

El 10 de junio de 1829 fue creada la Comandancia Política y Militar con jurisdicción sobre las Islas Malvinas, Tierra del Fuego, la Isla de los Estados, las Georgias y las Sandwich del Sur, y fue designado su titular don Luis Vernet, que, en realidad, no se llamaba Luis sino Elías y que estaba ya autorizado para establecer una colonia en el archipiélago.

¿Cómo eran las Malvinas por entonces? Incurriendo en la torpeza de citarme a mí mismo, así las describo en mi obrita Historia de las Malvinas para chicos argentinos: “Un archipiélago apenas poblado donde, no obstante, solía recalar buena cantidad de veleros cuyas banderas ponían la única nota de color que alegraba Puerto Soledad y sus inmediaciones. Barcos estos que venían de soportar las inclemencias del clima al doblar el Cabo de Hornos o que se preparaban para soportarlas para alcanzar el Pacífico. Y que se avituallaban en las islas de manera legal o ilegal. Lo hacían legalmente cuando pagaban por los suministros recibidos. E ilegalmente cuando, aprovechando que aquellas costas estaban prácticamente desguarnecidas, sus tripulantes desembarcaban sin permiso para cazar algunas de las vacas que, en estado salvaje, vagaban tierra adentro. Tales animales descendían del ganado traído por Bougainville para su colonia, que se había multiplicado en el lugar alimentándose con el tussoc, un yuyo que crece en las islas. (…) Respecto a la población, resultaba la propia de un territorio de frontera: gente de muchas partes del mundo, arribada a impulsos de las contingencias más variadas, aventureros, pescadores, marinos, herreros, carpinteros, algunos ex presidiarios y un grupo de indios charrúas internados allí por las autoridades.”

Con la instalación de Vernet se agregarían a este conjunto heterogéneo agricultores y gauchos de a caballo para realizar las labores agrarias que aquél se proponía llevar a cabo. Su presencia “determinó que bastantes palabras, características del campo argentino, se incorporaran al lenguaje local y se siguieran usando en las islas, como alazán, zaino, malacara, bozal, bastos, cojinillo y los toponímicos Dos Lomas, Rincón Grande o Cuero Brook.”

Pues bien, a mediados de 1831 tres goletas norteamericanas anduvieron por las Malvinas y la Isla de los Estados cazando lobos marinos sin autorización. Detenidas en Puerto Soledad se produjo un incidente, el cual, ausente Vernet, dio lugar a que, en represalia, un buque de guerra yanqui, al mando del capitán Silas Duncan, desembarcara a un grupo de hombres armados que devastaron la población, destruyeron casas y se apoderaron de algunos habitantes.

Demorado Vernet en Buenos Aires y arrasado Puerto Soledad, don Juan Manuel de Rosas resolvió nombrar un comandante interino, el capitán de artillería Esteban Francisco Mestivier, nacido en Blois y casado con la bella porteña Gertrudis Sánchez, con la cual tenía un hijo de corta edad.

Y así alcanzo el punto que quería abordar en este artículo, consistente en las  instrucciones impartidas por Rosas a Mestivier que, a mi entender, revelan en forma clara y sucinta las convicciones que orientaban la vida y acción de gobierno del Restaurador, tantas veces puestas en entredicho. Estas son algunas de dichas instrucciones:

“Tomará (el nuevo comandante) las medidas conducentes y pondrá todo esmero en que los habitantes se dediquen a la siembra de maíz, papas, porotos y otros vegetales (plantíos de árboles) que se dan en aquel clima (…) En el caso impensado de ser atacado el punto que manda, hará la resistencia que se espera de su honor y conocimientos para dejar bien puesto el honor de la República (…) Se encarga con especial recomendación al comandante todo el esfuerzo posible para que se mantengan la moral y decentes costumbres, tanto en la tropa como en los demás pobladores, cuidando de promover la Religión Católica del Estado por medio de prácticas piadosas, como hacer rezar el Rosario de la Santísima Virgen en todas las noches y en los domingos y días de fiesta destinar dos horas a la enseñanza de la doctrina cristiana por el Catecismo del Padre Astete que se usa en esta Provincia, instruyendo de ese modo al pueblo en los dogmas y preceptos de nuestra Religión.”

O sea que, en resumen, el comandante deberá: 1) procurar que  los pobladores se dediquen a la agricultura y horticultura; 2) resistir cualquier ataque, custodiar el honor de la República; 3) preservar la moral y las buenas costumbres; 4) promover la Religión Católica; y 5) disponer que se enseñe la doctrina cristiana.

No podría el capitán Mestivier poner en práctica las encomiables instrucciones recibidas porque, poco después de desembarcar en Puerto Soledad, un motín terminaría con su vida. Y, días después, el capitán John James Onslow, comandante de la goleta británica Clío, consumaría la usurpación de las Malvinas a nombre de Su Majestad Británica. Pero esta es otra historia, como diría el viejo Kipling.

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* Abogado. Escritor. Historiador. Profesor en la Diplomatura en Cultura Argentina del Instituto de Cultura del CUDES.


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