Néstor Kirchner: “La izquierda te da fueros”

ARGENTINA-PRESIDENT/

(Extracto del Epílogo titulado “Hijos de la crisis”, del libro Doce Noches. 2001: El fracaso de la Alianza, el golpe peronista y el origen del kirchnerismo).

Por Ceferino Reato*

Néstor y Cristina Kirchner son hijos de la gran crisis: es una de las pocas cosas en las que todos parecen estar de acuerdo en la Argentina.

Por un lado, los kirchneristas consideran que diciembre de 2001 “fue la constatación del agotamiento de ese modelo (neoliberal) de subordinación del sistema político a los poderes fácticos, que cada vez excluía a un porcentaje mayor de la población”, según Horacio Verbitsky, el intelectual más influyente del oficialismo.

Como ya hemos visto, Verbitsky considera que uno de los principales aciertos del presidente Néstor Kirchner fue haber comprendido que el requisito ineludible para “cambiar la política socioeconómica que se había impuesto a la sociedad por el terror” -durante la dictadura- era una política distinta de derechos humanos, orientada al “castigo a los responsables de aquellos crímenes”.

Es que la gran crisis entusiasmó a muchos periodistas y analistas “progresistas”, que interpretaron que los cacerolazos y la impugnación en masa de los políticos -bajo la forma de escraches y de cantos como el “¡Que se vayan todos!”- marcaban la tan esperada toma de conciencia de las clases medias sobre sus verdaderos intereses.

Las clases medias se reconocían así como aliados naturales de los desocupados y excluidos que apelaban a los piquetes para manifestar sus penurias. “¡Piquete y cacerola, la lucha es una sola!”, fue el grito que entusiasmó a tantos que imaginaron cambios sustanciales en la política y la economía.

En ese sentido, la proliferación de las asambleas populares en la Capital Federal anticipaba el paso a una democracia directa, popular, consensuada, que orientaría la economía no en beneficio del capital sino de una distribución más equitativa del ingreso y de la riqueza.

Para el oficialismo, la gran crisis fue una oportunidad que resultó aprovechada por las mayorías populares, que encontraron en los Kirchner a sus más leales y eficaces representantes.

Pero una crisis puede ser vista también como un fracaso colectivo, que frustra a la sociedad en su conjunto, destruye una parte de su riqueza y aumenta la brecha entre pobres y ricos. Empobrece al país y genera demandas sociales de similar calidad.

Creo que la equiparación entre empleo genuino y subsidio social prueba el empobrecimiento de las demandas de una sociedad sometida a crisis tan intensas y recurrentes.

No es lo mismo un trabajo que un plan social: en un caso, nos encontramos con el medio de vida de un ciudadano, una persona autónoma; en el otro, con el ingreso de un cliente que pasa a depender del político o del funcionario de turno.

Una cultura política menos sofisticada es más proclive a embarcarse en una lógica binaria, a ver las cosas en blanco y negro, sin matices y sin frenos.

Los Kirchner se han sabido mover en ese contexto como peces en el agua; importaron de la provincia de Santa Cruz un método de acumulación política que les dio muy buenos resultados: la división de la sociedad entre buenos y malos, amigos y enemigos, ángeles y demonios.

La creación de antinomias que polarizaron la sociedad permitió a Néstor Kirchner consolidar rápidamente un poder que había nacido diezmado por su segundo puesto en las elecciones de 2003 y el abandono del balotaje por parte del ex presidente Carlos Menem.

Pudo así encontrar una explicación simple y sencilla pero atractiva y movilizadora a una pregunta que suele aparecer durante las grandes crisis: ¿cuándo y cómo fue que caímos tan bajo?, que lleva a otro interrogante: ¿quién es el culpable de que hayamos llegado a esta situación?

Es la pregunta que se hace Zavalita, el personaje de Conversación en La Catedral -de Mario Vargas Llosa- ya en la primera página la novela: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”

Para Kirchner la Argentina se jodió en la última dictadura; en definitiva, fueron los militares y sus cómplices civiles los culpables de la gran crisis porque el 1 a 1 no resultó más que la última etapa de la política neoliberal inaugurada el 24 de marzo de 1976.

De esa manera, la respuesta a la pregunta sobre los culpables de la gran crisis alimentó la táctica de polarización y confrontación con los “enemigos” internos, los militares en primer lugar.

A esa altura de la democracia, los militares eran “enemigos” bastante accesibles. Ya no tenían el poder de otra época, por un racimo de causas: la guerra perdida contra una potencia militar, el derrumbe de la dictadura, el juicio a los miembros de las tres primeras juntas militares, los recortes presupuestarios, la privatización del complejo industrial de las Fuerzas Armadas, la derrota de la última rebelión carapintada y la eliminación del servicio militar obligatorio, entre otras.

Saliendo de nuestras fronteras, la Guerra Fría ya había terminado, la Unión Soviética se había desintegrado y Estados Unidos no necesitaba a los militares para controlar su patio trasero.

Cuando luego enfrentó a “enemigos” más poderosos -como los productores agropecuarios en 2008- Kirchner focalizó su discurso en “los cómplices civiles de la dictadura”: el campo, los medios de comunicación no oficialistas y las clases medias que apoyaban esa protesta.

La política de derechos humanos de Kirchner satisfizo la demanda de justicia sobre los crímenes de la dictadura, que había sido reavivada por la gran crisis; galvanizó al oficialismo y fue respaldada por buena parte de la sociedad.

Además, brindó a Kirchner un escudo protector contra las denuncias de corrupción y autoritarismo.

A mediados de enero de 2004, durante un viaje a Monterrey para asistir a la Cumbre Extraordinaria de las Américas, el senador Ramón Puerta -titular de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado- le preguntó al nuevo Presidente sobre las razones de su voltereta política.

—Néstor, ¿por qué ahora sos de izquierda si los dos éramos los grandes alcahuetes de (Domingo) Cavallo, vos primero y yo segundo?

—La izquierda te da fueros, Ramón.

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* Periodista. Lic. en Ciencia Política. Escritor. Profesor en el Instituto de Cultura del Centro Universitario de Estudios (CUDES).

FOTOS DE LA PRESENTACIÓN DE ESTE LIBRO EN NUESTRO INSTITUTO


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