Navidad en la Quebrada de Humahuaca - Jujuy -

En esta gran Babilonia, donde compartimos con cientos de comercios, shoppings y vidrieras, gente que va y viene, tenemos poco tiempo para concentrarnos y darnos cuenta de que pronto evocaremos el Nacimiento de Jesús.

La gran mayoría está preocupada por la mesa navideña y la compra de regalos que se irán poniendo en el arbolito.

Pero si nos adentramos en nuestra inmensa geografía percibiremos que en pueblos alejados de las grandes urbes, tales como los pequeños pueblos que se encadenan a lo largo de la Quebrada de Humahuaca, también allí están preparándose para la Nochebuena que se avecina.

¿Cómo son los preparativos de la vigilia navideña entre los pueblos originarios? En cada casa se trabaja en familia: se dedican a la tarea artesanal de confeccionar flores grandes y diminutas y alas blancas para los ángeles. Al tacto parecen plumas y son armadas de a una en papel crepé.

Nadie va a comprar regalos, pues durante el año realizan manualidades, tales como tejidos en telar o con agujas, juguetes, alfarería. Las lanas las hilan ellos mismos y las tiñen con tinturas naturales, con las que logran bellos y exóticos colores imposibles de imitar industrialmente.

Es que en esos lugares de la Argentina profunda todavía se bendicen las tradiciones. Podemos citar a los moradores de Purmamarca o de Tilcara: siguen con los rituales de sus comidas y sus costumbres, anteponiendo cada uno el talento que lleva consigo toda la vida, como el ADN.

La mayoría de sus casas y hogares tendrán un pesebre viviente. Además de María y José, el niño más pequeño de cada familia personificará al Niño Dios. Los restantes jóvenes serán ángeles, adornados con las alas que hicieron con anticipación. Los adultos llevarán las ofrendas, manufacturas propias tales como alfajores, dulces, empanaditas de cayote, humitas, tamales, quesos de cabra, arrope, chicha para beber, etc. Generalmente las ofrendas las van dejando sobre largas mesas con manteles blancos.

Luego visitarán otros pesebres vivientes y elegirán el mejor, no a modo de competencia sino como incentivo para la familia, por el tiempo y la dedicación destinados. Esa visita llamará a la música. Tocarán villancicos con quenas, charangos, erques, cajas y samponias.

Esos lugareños, esos collas que practican dos religiones fusionadas –la cultural de sus ancestros y la cristiana, que llegó de la mano de los conquistadores-, viven los tiempos navideños con tanta alegría y fe, que son dignos de contemplar, comentar e imitar.

Entre cánticos y algún vasito de chicha o vino, van templando sus cuerdas vocales, que se apagarán al amanecer. Cantan y tocan instrumentos indígenas, que ellos mismos fabrican. Al cantar se elevan a Dios con plegarias de agradecimiento por todo lo que reciben a diario. Elevan sus almas expresando la inmensa alegría por la llegada de Jesús al mundo. ¡Cuánta alegría envidiable!

Luego a modo de procesión van enfilándose hacia la Iglesia, frente a la plaza, para participar de la Misa de Nochebuena. Vestidos con sus mejores ropas y sombreros se van aproximando a la Casa de Dios.

La Iglesia brilla desde lejos, como una alhaja, y cuando se oyen las campanadas de medianoche apuran el paso para asistir al momento supremo: ¡La Misa de Nochebuena!

Hacen la señal de la Cruz y guardan tan respetuoso silencio, que solo es posible oír la respiración del gentío.

El cura que oficia la Misa es parte de la Comunidad y una vez terminada la ceremonia religiosa se quitará los ornamentos y se mezclará entre su gente, dispuesto a beber, comer, cantar y bailar, como un colla más.

Al volver, todos se acercan a la larga mesa repleta de comida y golosinas caseras. Nadie empuja, son amables y solidarios, sobre todo con los niños y los ancianos.

En esa mesa larga se puede observar en vivo y en directo cómo se conjuga el verbo “compartir” y también sonará en nuestros oídos lo que nos enseñó Jesús: “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS” y “AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”. Apreciamos de esta manera la palabra convertida en acción.

En el interior de nuestro querido país, existen cientos de lugares con características parecidas, donde todavía se bendicen los alimentos que se van a consumir, donde las tradiciones familiares son de gran respeto y las van transmitiendo a sus hijos para que nada se pierda en el camino y perdure para siempre.

Hay una actitud de solidaridad que viene con los genes. Es algo así como estar convencidos de que se trata de un precepto indispensable para confirmar que nunca estarán solos y nada necesario les faltará.

¡¡Benditas tradiciones!! que proporcionan felicidad y alegría a tantos pequeños pueblos que se muestran “Grandes”, por su idiosincrasia y manera de ser.

¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS LOS QUE HABITAN NUESTRO SUELO!

APÉNDICE

NAVIDAD EN SAN SALVADOR DE JUJUY

En la Capital de Jujuy se realiza la procesión de pesebres artesanales, sostenidos por cuatro personas y dos palos. Son pesebres hechos a mano, con papel crepé, y reproducen las imágenes de una manera increíblemente artística. Son dignos de la admiración de turistas y vecinos. La municipalidad de la Capital premia los mejores cada Navidad.

Los aspirantes a participar de esta caravana de pesebres que se realiza año tras año,  se anotan con antelación en la Catedral. En fila india dan vuelta a la plaza principal y luego desfilan por algunas arterias importantes del centro comercial, siempre acompañados por música y cantos navideños.

Amalia Castro Aubone de Carenzo


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