Seclantás, “cuna del poncho salteño”

Esta vez viajamos a la provincia de Salta, a conocer el “Camino de los artesanos” en Seclantás, el único pueblo del valle Calchaquí ubicado sobre la margen este del río homónimo, y también el único que se sumó a las luchas por la independencia a principios del siglo XIX (1). Pertenece al Departamento Molinos y está a 29 km al sur de Cachi.

Desde Colomé -donde visitamos la hermosa y modernísima bodega- hasta Seclantás, pasando por Molinos, aunque la distancia es relativamente corta, hay que atravesar un camino de ripio sinuoso y no fácil de recorrer: es la Ruta 40, que une el territorio argentino de norte a sur en 5301 km.

Se cree que el nombre de la pequeña villa proviene de la antigua denominación del actual Río Brealito, que era conocido como arroyo de “Seclanta”, el cacique calchaquí que habitaba en esos valles. El pueblo se desarrolla prácticamente a partir de una calle principal. La plaza es exótica, con altas palmeras y coníferas y alberga a la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, construida en 1835, que mezcla el estilo cuzqueño con detalles florentinos e imágenes populares.

Soy poncho en Seclantás” reza un fragmento de una copla del folclorista salteño “Chaqueño” Palavecino, que describe el saber popular de cada rincón de Salta.

El “Camino de los artesanos” es una calle –paralela a la RN40, que comienza en El Colte y termina en Seclantás- con una veintena de casas/talleres de adobe y techo de paja o caña, donde se fabrican tapices, fajas y ponchos, frazadas, telas, alfombras, peleros, picotes, ruanas, mantas, chales, bolsos, alforjas, chalecos, caminos, chalinas y pulóveres. Los artesanos teleros ofrecen sus obras a la vera del camino o incluso abren las puertas de sus casas para mostrar cómo trabajan. Utilizan lana de oveja, llama y muy ocasionalmente vicuña y anilina o tinturas vegetales en base a cáscaras de nogal o resinas de algarrobo.

El poncho es una prenda de múltiples usos que define el patrimonio tradicional argentino y que está presente en todas las manifestaciones culturales a lo largo de nuestra historia: en pinturas, canciones, narraciones, versos, espectáculos folclóricos […], forma parte de las actividades campestres […] y sirve, además como un distintivo de señorío y tradición.(2) “El poncho se utilizaba como abrigo contra el frío, la lluvia y a la vez… cobija para dormir.”(3) “El poncho es una prenda de abrigo ya utilizada en tiempos prehispánicos y representativo de la población criolla posterior […] acompañó siempre a todo viajero”(4) “[…] mide 1,50m por 1,90 m y está compuesta por dos paños cosidos a mano con punto zig-zag o ala de mosca; […] se deja abierto unos 0,35 cm en la parte central […] para pasar la cabeza; en su contorno lleva flecos cosidos a mano”. (5)

En la Argentina el uso del poncho se generalizó entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX como una prenda útil y cómoda. Así, el Gral. San Martín observó que era la divisa del paisano y recurrió a ella en vísperas de la Batalla de San Lorenzo. Sombrero de paja y poncho serán las prendas que le permitirán pasar inadvertido y observar los movimientos de las tropas realistas. Luego, en la gesta cordillerana, el poncho fue primordial para el ejército, debido a la rigurosidad del clima y a la facilidad de su transporte.

En cada taller artesanal el poncho salteño está presente. Cabe destacar el prestigio que alcanzó el poncho de vicuña, ya que desde la época incaica estuvo reservado para el Inca y su familia, por considerarse  dicho animal como sagrado, hijo del sol y de la montaña. El poncho de vicuña abriga, es suave al tacto y tiene una extraordinaria liviandad (han salido ponchos que no pesan más de 225 gramos). La técnica utilizada es sencilla: un simple tejido llano en el cual no predomina ni urdimbre ni trama. La profesora Navamuel destaca que “la razón de que sean de a dos paños, es por su origen andino antiguo, ya que representa la dualidad en la filosofía y cosmogonía, dos partes inseparables de una totalidad”; por eso era empleado en toda ceremonia religiosa”.

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¿Cómo se hace un poncho?:

Los artesanos seclanteños comentan que su arte ha pasado de generación en generación. La confección de la tela que luego será poncho insume varios días y el proceso de tejido lleva varios pasos:

- el hilado y la torcida de la lana, que es la manera como pasa de una masa informe y esponjosa a hilo, gracias al perpetuo girar del huso;

- lavado y entintado del hilo, sea con anilina o tinturas vegetales en base a cáscaras de nogal o resinas de algarrobo;

- tendido de los hilos en el telar; el tejido es la parte del proceso que más tiempo demanda, y será mayor o menor según la habilidad y maestría del artesano;

- terminada la tela viene el “costureo” de la boca del poncho y de los flecos;

- planchado con viejas planchas de hierro que se calientan con brasas o al calor del fuego.

El tipo de lana define el espesor del tejido:

- la rústica, hilada con lana de ovejas de la zona: grueso y abrigado;

- la industrial: brillante y liviano.

Los telares de cuatro estacas, horizontales o de piso, para estirar el hilo, tienen su origen en telares aborígenes de antiguas culturas, tanto mapuches como incas. Generalmente de madera fuerte, el telar se usa para mantener alineados y estirados los hilos de la urdimbre, separados en dos planos para recibir el hilo de la trama y cruzarse. Casi siempre tiene estacas auxiliares más pequeñas en los laterales, que se clavan firmemente en el suelo formando los vértices de un rectángulo;  allí se traban los travesaños para mantener la urdimbre tensa, que queda casi tocando el piso. El ancho de los telares generalmente no excede los 90 cm, que equivalen al alcance de los brazos del tejedor al pasar la trama.

explorepangea.com

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También se utilizan elementos auxiliares:

- pala: un listón de madera de unos 80 cm x 10 cm, que sirve para empujar la trama y elaborar un tejido firme;

- palo envolvedor, con el cual se va envolviendo el tejido realizado;

- lisos (generalmente la palabra se usa en plural): hilos fuertes y gruesos que forman la urdimbre, atados a palos finos, sujetados a  su vez a roldanas pequeñas en un travesaño del telar; sirven para separar los hilos de la urdimbre para ir pasando la trama de un lado a otro y poder formar la tela.

Los colores más utilizados en Salta son el rojo con guardas negras, el natural con marrón y el nogalado -un celeste plomizo obtenido por infusión con cáscara de nogal-.

El poncho de Salta, que no es rojo granate, ni bermellón, ni escarlata sino “rojo-salteño”, con sus dos guardas de luto, recuerda a don Martín Miguel de Güemes y a sus gauchos, los Infernales, que dieron la vida por la independencia del país. Actualmente, hasta los taxis que circulan por la ciudad de Salta Capital llevan esos colores pintados en su carrocería, junto con el escudo provincial.

Otros de los tejidos que se aprecian en el “Camino de los artesanos” son:

Los tapices, que se hacen con otra técnica en cuanto al tramado, tanto en telar como en bastidor. Pertenecen al tipo denominado “faz de trama”, en el cual se obtiene el dibujo por entrelazamiento de hilos de distintos colores que van cubriendo la urdimbre. Por lo general se usa hilo de algodón para la urdimbre y lana de oveja tipo rústica para la trama; para un tamaño de 60 cm por 90 cm se necesitan de 700 a 800 gr de lana limpia.

Los dibujos o diseños se realizan a partir de un original y son de tres tipos: incaicos, con motivos de la iconografía arqueológica (ranas, suris, urnas funerarias, etc.), rupestres -inspirados en el rico arte de las culturas indígenas (llamas o cazadores)- y regionales o paisajísticos (iglesias típicas de zona puneña, pueblos, paisajes montañosos con llamas y cardones, etc.). Actualmente hay otros tipos de diseños que se hacen por encargo o se recurre a revistas para sacar ideas.

Los peleros: son piezas rectangulares de lana rústica y gruesa, que se utilizan sobre el lomo del caballo; también se llaman jergones. Para su confección se utiliza un bastidor de madera con perforaciones, en las cuales se introducen palitos o hierro de construcción. Son un juego de tres piezas confeccionadas por el entrecruzamiento de un hilo de lana gruesa (trama) sobre un hilo de lana más delgada (urdimbre). Los dibujos utilizados son zigzag, diagonal y ojo de perdiz o costilla, que se logra de la alternancia de los hilos de dos colores de la trama. La pieza se puede terminar con un borde tejido.

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De mayor dimensión, normalmente de 80 cm por 1 m, se tejen las alfombras, con distintos diseños.

Los chales se realizan con el bastidor triangular y entre 600 y 700 gr de hilo; se demora de 1 día a un día y medio para su confección.

Las frazadas de dos plazas llevan de 6 a 7 kilos de hilo y se demora de 8 a 9 días para realizarlas.

L.M.

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Otras fuentes consultadas:

Martin, Jorge. “Experiencia en los Valles Calchaquies Salteños”

http://www.portaldesalta.gov.ar/poncho.htm

http://www.institutoguemesiano.gov.ar/art6.htm

http://www.sololideres.com.ar/18/salta.htm



(1) Gamarra, Fernando. “Seclantás y El Colte”, en “Lugares de viaje”,

(2) Discurso de Jorge Virgilio Núñez  para el Instituto Güemesiano de Salta, sobre el PONCHO.

(3) Profesora María Teresa Cadena de Hessling.

(4) Conferencias de la profesora Ercilia Navamuel.

(5) Además, *el libro Las milicias de Güemes, de don Miguel G. Solá; * los aportes del profesor Felipe Catalán; *Ruth Corcuera, Ponchos de las tierras del Plata; *Rogelio Saravia Toledo, Las distintas miradas sobre Martín Miguel de Güemes”;  *el trabajo de 2001 de don Mariano Solá, M. A. Maringo, en un articulo publicado en la revista de “Filología Hispánica”, entre otros.


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